Al principio del capítulo anterior, señalé que el Hombre, en el pensamiento de Ibn Arabi, se concibe en dos planos distintos, el cósmico y el individual. El presente capítulo estará dedicado al segundo plano.
El Hombre en el primer plano o, desde el punto de vista lógico, el hombre como especie, se encuentra en la fase intermedia entre lo Absoluto y el mundo y, como tal, ocupa la posición suprema en la jerarquía de los seres creados. Sin embargo, cuando consideramos al Hombre en el plano individual, no podemos evitar advertir la existencia de numerosos grados (maratib). Dicho de otro modo, el Hombre es, en el plano cósmico, el Hombre Perfecto; en cambio, en el plano individual, no todos los hombres son «perfectos». Al contrario, muy pocos merecen ese título.
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